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jueves, 15 de mayo de 2008

ETON, UN COLEGIO DE ÉLITE DESDE HACE YA ...

Fuente: que pasa.

Fue fundado en 1440 por Enrique VI. Por sus aulas, situadas al lado del castillo de Windsor, han pasado príncipes -como William y Harry, los nietos de la reina Isabel-, héroes de guerra, premios Nobel, santos y 18 primeros ministros británicos. Entre la fascinación que provoca su excelencia académica y el rechazo al clasismo que le critican fomentar, Eton ha sido escuela de los herederos -sólo varones- de la clase dirigente inglesa por más de cinco siglos. El fotógrafo Ian Macdonald, nacido en un barrio obrero, pasó un año retratando por dentro al colegio más elitista del mundo.

"Eloreat Etona. Prospere Eton". Es el lema del college por excelencia, un instituto que ha sobrevivido durante casi seis siglos como epónimo de esas altas instituciones en las que a los niños se los viste como adultos en miniatura, se los trata con disciplina británica (antes, con vara incluida) y, sobre todo, se los educa para que no desentonen en esas elites en las que muchos de ellos nacieron. El King's College of Our Lady of Eton, situado convenientemente a la sombra del castillo de Windsor, al oeste de Londres, es "la quintaesencia de lo inglés", según lo define Ian Macdonald, un hombre nacido en una localidad obrera del noreste de Inglaterra, autor de las fotografías que ilustran estas páginas y, durante un año, artista residente en el college.

Tal como les ocurre con los miembros de la familia real -a quienes detestan o idolatran casi según la temporada-, los británicos desde hace décadas dudan entre la fascinación por la probada excelencia educativa, los cuellos blancos y las extravagancias de Eton y el repudio hacia una institución que, dicen, perpetúa las diferencias de clases. En 2005, el hoy primer ministro, Gordon Brown, dijo de David Cameron, que se hizo entonces con el liderazgo del Partido Conservador, "es un Old Etonian" (como se conoce a quienes han estudiado en Eton) para deslegitimarlo.

Hacedores de gabinetes

Lo cierto es que por los pupitres de Eton han pasado 18 primeros ministros británicos, desde sir Robert Walpole y el duque de Wellington -vencedor en Waterloo- a sir Alec Douglas-Home, que comandó el país en los años 60. Antes, en tiempos de Harold MacMillan, hasta nueve miembros de su gobierno, en 1956, eran Old Etonians. Por eso, una inscripción en las puertas del colegio bromeaba: "Hacedores de gabinetes para su majestad la reina".

En sus houses -edificios en los que los estudiantes tienen su habitación- han dormido innumerables héroes de guerra (Eton atesora más soldados honrados con la Cruz Victoria, 37, que ningún otro colegio), científicos (el químico Robert Boyle), economistas (Keynes), actores (Hugh Laurie), líderes sociales (Peter Benenson, fundador de Amnistía Internacional), cuatro mártires protestantes y hasta un santo católico, Ralph Sherwin.

Por supuesto, tampoco faltan ovejas negras. Allí estudiaron Guy Burgess, un doble agente al servicio de la URSS, y el príncipe Dipendra de Nepal, un alumno al que excepcionalmente se le permitió llevar bigote, y que, en 2001, asesinó a ocho miembros de su familia, incluidos su padre y su hermano, para después suicidarse. Entre los casos perdidos figura también lord Lucan, que desapareció en 1974 después de asesinar a la nanny de sus hijos. Situación que dio pie a la expresión "doing a lord Lucan": hacerse el lord Lucan; o sea, desaparecer sin rastro.

Nacido para pobres, no para ricos

A pesar de su fama de niñera de la clase dominante, Eton nació para educar a los hijos de los pobres. El rey Enrique VI lo fundó en 1440 "para el culto a Dios y la educación de los jóvenes varones para el servicio de la Iglesia y el Estado". Estos jóvenes para los que el rey soñaba tan alto futuro eran los King's Scholars: 70 internos a los que se instruía gratuitamente. Con el tiempo, se incorporó también un pequeño número de oppidans (del latín oppidum, pueblo), que sí pagaban y vivían en la villa cercana.

Hoy, entre sus 1.308 alumnos (sólo varones, de entre 13 y 18 años -pues se trata de una escuela secundaria-, todos internos) siguen existiendo 70 King's Scholars, los becarios del rey. Hay dos tercios del total de alumnos que no reciben ningún tipo de subvención y deben pagar al año, como mínimo, 26.490 libras esterlinas (casi 25 millones de pesos chilenos).

En el siglo XVI, la vida de los pupilos aquí era más que espartana. Entonces dormían dos o tres en la misma cama -hoy las habitaciones son individuales-, en la que se les permitía permanecer hasta las cinco de la madrugada. A esa hora tenían que comenzar a recitar sus oraciones para después acudir a sus clases. Todas en latín, por supuesto.

Todos de frac

Como casi todo en Eton, el ritmo de estudio ha cambiado, aunque sólo lo justo: la jornada en las 25 houses comienza, de lunes a sábado, a las siete y media de la mañana. Primero el desayuno, después alguna visita al house master que dirige cada residencia o a la dame (la encargada de los asuntos domésticos) y la lectura de los diarios. A las 8.40, según el día, acuden a la capilla o a la primera de las clases. Por la tarde suelen seguir los deportes y, de 18.15 a 19.30, la quiet hour: la hora del silencio en que deben permanecer en sus cuartos.

Hay costumbres que han quedado para la historia -como los castigos físicos o que los recién llegados actuaran como sirvientes de los mayores-, pero buena parte de la vida en Eton se sigue rigiendo por costumbres y reglas que "parecen incomprensibles, innecesarias, o ambas cosas", según el periodista Dominic Lawson, ex alumno de este exclusivo college.
Muestras de ello sobran. Está, por ejemplo, el código de vestimenta: frac y chaleco negros y corbata blanca, regla que sólo pueden quebrar con chalecos de colores aquellos alumnos que alcanzan los puestos más altos en las estrictas jerarquías académicas, como los Pop, que son miembros de la sociedad por excelencia de Eton.

También está su argot único, sus juegos de reglas impenetrables y los castigos de otro tiempo, como copiar versos en latín. Esa fue la reprimenda que tuvo el propio David Cameron, tras ser descubierto fumando cannabis.

Sobreviviendo

Eton se mantiene fiel a su lema, empecinado en prosperar, o al menos sobrevivir, pase lo que pase. Ni siquiera los peligrosos aires de cambio del siglo XX, cuando los líderes de izquierdas clamaban por que se demolieran el college y el resto de instituciones para las elites, han conseguido resquebrajar sus muros.

Nada pasó, más allá del escándalo, cuando surgió algún alegato contra los maltratos de sus decano en los años 60, Anthony Chenevix-Trench. Ni cuando, en 2005, una profesora acusó a la institución de arreglar los trabajos del príncipe Harry -nieto de la reina inglesa- para mejorar sus calificaciones. Ni cuando, un año más tarde se publicó "The Importance of Being Eton", de Nick Fraser, un libro que no sólo menciona el tabú de las relaciones homosexuales entre las viriles paredes del college, sino que, además, define Eton como una institución que crea hombres arrogantes, que se creen con derecho a unos privilegios que no merecen.

Sea como fuere, pasados más de 550 años desde su fundación, en Inglaterra -a la sombra del castillo de Windsor- sigue en pie un colegio del que cada cierto tiempo sale un Nobel. Así son las cosas en Eton.

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