martes, 23 de diciembre de 2008
Cómplices
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viernes, 25 de enero de 2008
lunes, 14 de enero de 2008
¿TODAVÍA LO QUE IMPORTA ES LA CULTURA?
CARTA A MARÍA, A.P. REVERTE
Este artículo de A.P. Reverte tiene el don de ser de ese tipo de comunicaciones que vamos continuamente buscando: síntesis perfectas, guías básicas a las que agarrarnos en momentos en los que es necesario pararse y pensar qué hacer.
Lee (le diremos a Arturo que la próxima sea tipo entrada de blog) y dime si compartes su opinión sobre la cultura, el conocimiento, la vida, ... ¿Qué quiere decirnos con la palabra patria que aparece ya al final?
Tienes catorce años y preguntas cosas para las que no tengo respuesta. Entre otras razones, porque nunca hay respuestas para todo. Y además, he pasado la vida echando la pota mientras oía a demasiados apóstoles de vía estrecha, visionarios y sinvergüenzas que decían tener la verdad sentada en el hombro. Yo sólo puedo escribirte que no hay varitas mágicas, ni ábrete sésamos. Esos son cuentos chinos. De lo que sí estoy seguro es de que no hay mejor vacuna que el conocimiento. Me refiero a la cultura, en el sentido amplio y generoso del término: no soluciona casi nada, pero ayuda a comprender, a asumir, sin caer en el embrutecimiento, o en la resignación. Con ello quiero sugerirte que leas, que viajes, y que mires. Fíjate bien. Eres el último eslabón de una cadena maravillosa que tiene diez mil años de historia; de una cultura originalmente mediterránea que arranca de la Biblia, Egipto y la Grecia clásica, que luego se hace romana y fertiliza al occidente que hoy llamamos Europa. Una cultura que se mezcla con otras a medida que se extiende, que se impregna de Islam hasta florecer en la latinidad cristiana medieval y el Renacimiento, y luego viaja a América en naves españolas para retornar enriquecida por ese nuevo y vigoroso mestizaje, antes de volverse Ilustración, o fiesta de las ideas, y ochocentismo de revoluciones y esperanzas. O sea, que no naciste ayer.
Para conocerte, para comprender, lee al menos lo básico. Estudia la Mitología, y también a Homero, y a Virgilio, y las historias del mundo antiguo que sentó las bases políticas e intelectuales de éste. Conoce al menos el alfabeto griego y un vocabulario básico. Estudia latín si puedes, aunque sólo sea un año o dos, para tener la base, la madre, del universo en que te mueves. Da igual que te gusten las ciencias: ten presente -como siempre recuerda Pepe Perona, mi amigo el maestro de Gramática-, que Newton escribió en latín sus Principia Matemática, y que hasta Descartes toda la ciencia europea se escribió en esa lengua. Debes hablar inglés y francés por lo menos, chapurrear un poco de italiano, y que el estudio del gallego, del euskera, del catalán, que tal vez sean tus hermosas y necesarias lenguas maternas, no te impida nunca dominar a la perfección ese eficaz y bellísimo instrumento al que aquí llamanos castellano y en todo el mundo, América incluida, conocen como español.
Para ello, lee como mínimo a Quevedo y a Cervantes, échale un vistazo al teatro y la poesía del siglo de Oro, conoce a Moratín, que era madrileño, a Galdós, que era canario, a Valle-Inclán, que era gallego, a Pío Baroja, que era vasco. Rastrea sus textos y encontrarás etimologías, aportaciones de todas las lenguas españolas además de las clásicas y semíticas. Con algunos de ellos también aprenderás fácilmente Historia, y eso te llevará a Polibio, Herodoto, Suetonio, Tácito, Muntaner, Moncada, Bernal Díaz del Castillo, Gibbon, Menéndez Pidal, Elliot, Fernández Álvarez, Kamen y a tantos otros. Ponlos a todos en buena compañía con Dante, Shakespeare, Voltaire, Dickens, Stendhal, Dostoievski, Tolstoi, Melville, Mann. No olvides el Nuevo Testamento, y recuerda que en el principio fue la Biblia, y que toda la historia de la Filosofía no es, en cierto modo, sino notas a pie de página a las obras de Platón y Aristóteles.
martes, 23 de octubre de 2007
EL FRACASO NO ES ESCOLAR, ES SOCIAL
Mejor dicho, el fracaso que se nos quiere vender como fracaso de la escuela pública es el reflejo de una sociedad hipócrita: la nuestra. Llama derecho a la libertad de los padres para escoger la ideología del centro de enseñanza. Pero no existen ideologías entre las que escoger en un país capitalista, democrático y occidental como el nuestro. Años y años llevamos inmersos en esta perversión del lenguaje, mirando hacia otro lado. En esta sociedad todo lo que es de pago es fruto de la fractura institucional. Los servicios básicos se ofrecen en un marco de desgana y masificación. Lo que funciona, por definición ha de ser de pago. (¿Cómo si no se lo podría explicar uno?)
Y en concreto en la enseñanza , la iglesia se ha puesto al servicio de las clases pudientes y dominantes. La llegada de inmigrantes ha dejado al descubierto nuevamente esta doble moral. En concreto en la enseñanza, los hijos de los dirigentes, aunque estos sean socialistas, van a colegios de pago.
Esta hipocresía sí que no hay quien la cambie de lo arraigada que está en nuestro interior. Las dos entradas a las que hago referencia ahondan en ello.